¿Unidad en lo diverso? El Fútbol Boliviano y el desafío de Identificar/Representar

Bolivia es un país donde cualquier cosa es posible.

Esa frase se repite en boca de los propios bolivianos. Y tiene sentido al recorrer sus calles, mirar sus barrios y conocer las historias de su gente. La orgánica informal de sus mercados, las convicciones reivindicativas de sus ciudadanos y la búsqueda permanente de las utopías hacen que a veces lo improbable sea posible en este pedazo de tierra forjado al alero de las montañas vertebrales de Sudamérica. Pero pese a todo, esa frase no encuentra un asidero concreto en un ámbito específico de esta sociedad: su fútbol. Allí parece que existe una única posibilidad repetida y conocida: la derrota.

Mochila de decepciones, frustraciones y sueños rotos son las que carga el pueblo Boliviano que recuerda con añoranza la década de los 90’s y su gesta deportiva que les permitió clasificar al mundial de USA 94′ de la mano del “diablo” Etcheberry, Erwin Sánchez y otros cracks de la academia Tahuichi. Desde esa época, el fútbol boliviano se ha estancado, no ha alcanzado éxitos deportivos ni tampoco ha sostenido proyectos institucionales serios en el tiempo. Pero más allá de eso, no ha podido consolidar una identidad futbolística que movilice emocionalmente y que represente al pueblo boliviano en sus convicciones e ideales colectivos.

El Estado Plurinacional de Bolivia (llamado así desde el 2009 en la nueva constitución política) reconoce y reivindica la diversidad propia de un Estado Nación que agrupa a más de 36 etnias y culturas y que conviven entre el valle, el altiplano y la selva amazónica. ¿Cómo es posible generar una identidad de lo diverso? Cómo poder generar unidad cuando existen culturas y formas de ser tan regionalistas dentro de un mismo país? Probablemente sean las mismas preguntas que se han hecho quienes dirigen el destino político del país.

En nuestro paso por Bolivia, hemos podido identificar a grandes rasgos que sí existe un discurso transversal a las etnias, las culturas y las regiones. Este se compone de al menos tres elementos fundamentales. Primero, es la idea generalizada de considerarse un país chico (que en términos objetivos no lo es, sólo es superado en superficie territorial por Brasil, Argentina, Perú y Colombia). Esto responde a un sentimiento de inferioridad. Algunos sostienen que es una expresión neocolonial heredada del subyugo español. En segundo lugar, existe un fenómeno parecido al del “aislamiento” de Chile, pero distinto, se trata de un sentimiento de estar atrapado entre las montañas sin poder ver lo que hay más allá. Esto les lleva a comunicar que son un país “sin horizonte” precisamente porque se lo tapan las montañas. Por último, la historia oficial ha educado al pueblo boliviano como un país que no sabe defender lo suyo y producto de lo cual siempre ha perdido las guerras (del Acre contra Brasil cuando les quitaron el caucho, del Chaco contra Paraguay y del Pacífico contra Chile).

En síntesis, es un discurso derrotista, con baja expectativa y a partir del cual se vuelve muy difícil articular un proyecto futbolístico desde un punto de vista sociológico.

Como observador externo (y por lo mismo, ignoro muchas cosas), creo que ese discurso original de la bolivianidad, da pie a un neodiscurso, que fija la mirada en como las orgánicas sociales de Bolivia se han volcado sobre sí mismas en un acto reflexivo, hacia el interior, es decir, hacia sus propios temas locales, territoriales, gremiales, sindicales, culturales y patrimoniales. Es como un ensimismamiento cultural, que mantiene vivas las fiestas ancestrales, los lenguajes y códigos de los antepasados y una reivindicación permanente de los derechos sociales de la sociedad civil.

En esta segunda lectura de la sociedad es que aparecen fuertemente tres nuevas ideas que pueden ayudar a construir un nuevo meta-relato de la sociedad Boliviana. La primera de ellas es la importancia de la festividad en la reproducción de relaciones sociales entre ciudadanos y familiares. Aquí la música y el baile son expresiones de preparación, entrenamiento, y compromiso con la colectividad. En segundo lugar, está la lucha del pueblo, iconizada en la figura de la mujer trabajadora, esforzada, que saca adelante a su familia con la ausencia del padre proveedor. Esta figura, representada masivamente en las calles del Alto por “la chola” que comercia, que cocina, que tiene un puestito al mismo tiempo que carga a uno de sus 6 o 7 hijos es ilustrativo de la lucha del pueblo boliviano que no sucumbe ante la adversidad económica ni menos ante la pereza. Por último y casi desprendiéndose del segundo punto, está el profundo sentido comunitario en las acciones que despliegan los actores sociales. Ejemplos como turismo comunitario que combate la llegada de capitales extranjeros que exploten su naturaleza, emprendimientos económicos en comunidad o la fijación de precios justos en la competencia muestran una realidad que devela un principio de asociatividad con el otro que está mediado por algo más allá que esa relación recíproca entre dos sujetos, eso que media la relación es la comunidad.

En síntesis, fiesta, lucha y comunidad son principios valóricos, códigos de interacción del pueblo boliviano que están presente en su cotidianeidad y que podrían ser insumos intengibles y emocionales para la elaboración de un plan de desarrollo del fútbol nacional.

Hace algunos minutos el club The Strongest ha clasificado merecidamente a mi juicio a la segunda ronda de la Copa Libertadores consiguiendo un empate 1-1 ante Santa Fé en Bogotá y ha mostrado mucho de estos últimos principios. Alegría en el juego, lucha constante que se ha materializado en la consigna #prohibidodesistir y un profundo sentido de comunidad como equipo y con su entrenador han rendido frutos en este caso puntual. He venido siguiendo su campaña y me parece que buscan romper esa historia de derrotas y frustraciones. Es también un intento de transformación deportiva que moviliza estas energías sociales que aparentemente son invisibles pero a la vez decisivas.

tigre

Con este impulso de fútbol sudamericano, comparto aquí una entrevista con el Director Creativo Martín Díaz Meave, académico de la Universidad Católica de Bolivia e hincha ferviente del Tigre donde reflexionamos sobre estos temas y otros que intentan vincular fútbol y sociedad en un país que día a día se enfrenta al desafío de unirse en lo diverso.

 

 

Patricio Carvajal Paredes

Investigador Laboratorio Social del Deporte

FACSO-Universidad de Chile

 

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