Héroe: Vidal, el hombre pájaro

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Obdulio Varela murió exigiendo y reclamando que le devolvieran su posición en la cancha y en la sociedad uruguaya. El gran capitán uruguayo reclamó hasta el día en que se murió que le devolvieran su vida como futbolista, una vida simple entorno al balón y al juego. El gran capitán quería que ya no lo señalaran como un héroe nacional, como una esencia e intangible para modelar discursos de identidad nacional. Reclamaba que le habían robado su vida, sus gustos, sus deseos, sus vicios y sus sueños. En fin lo único que quería el capitán uruguayo era un poco de respeto, un poco de su vida, y que los otros lo juzgaran en función de esa vida y no de la otra, la de la esencia.

Lo de Obdulio no es un hecho raro, al contrario, es una tendencia creciente, asentada con fuerza desde la segunda parte del siglo XX y que hoy vive un especial desarrollo en los albores del siglo XXI, y que es perjudicial para los futbolistas y los héroes deportivos. En efecto, en estos tiempos que corren, más que nunca la fuente esencial desde donde emergen los héroes son los deportes, especialmente los deportes colectivos y de masas. Y esa relación es la que estalla de tiempo en tiempo cuando los héroes, por sus acciones mundanas, pasan de un plumazo a ser seres de carne y hueso, y todo ese carácter esencial desaparece y nos damos cuenta que esos héroes son humanos, demasiados humanos.

Las sociedades del siglo XIX construyeron sus héroes en torno a las guerras y la construcción de los estados nacionales mientras que las sociedades del siglo XXI parecen estar exigiéndole al deporte, especialmente a los deportes colectivos, la producción de los héroes necesarios para legitimar naciones, marcas y mercados. Para ello ha sido muy productivo la convergencia entre las técnicas del marketing, los intereses de las élites financieras y las formas de gobernabilidad política contemporánea que enfatizan en los resultados (mediciones de encuestas) antes que en los proyectos y valores.

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En Chile, la construcción de los héroes a partir del futbol ha ido por caminos distintos a los expresados por Simon kuper en su libro sobre el fútbol en el siglo XXI (Soccernomics, 2009). Al contrario de las imágenes de los grandes futbolistas de Europa, cada vez menos nacionalistas, en Chile tales figuras han apoyado la construcción de estrategias neo-nacionalistas y funcionales a los intereses del capital financiero y la política en las sociedades neoliberales y aspiracionalistas. Desde hace ya un par de décadas, los futbolistas han sido elevados a iconos de la sociedad para dar cuenta de cómo obtener el éxito, lo cual ha redundado en una fuente inagotable de ingresos para el marketing y de reelecciones políticas. La mezcla entre marketing y política ha implicado que al futbolista exitoso se le vea como una perfecta metáfora del éxito económico, rápido y fácil, y una fuente de identidad nacional, la cual es muy simple y no necesita de grandes relatos societales. Por ello, jugadores como Vidal y Bravo viven sus vidas como héroes tanto para bancos como también para la imagen país. Notable.

Por ello, los bancos, la política y las marcas deben devolverle a Vidal su vida. El necesita ser simplemente un jugador profesional de fútbol, padre, esposo y amante de sus caballos. Luego, la sociedad necesita dejar de imponerles a Vidal y a nuestros deportistas el que sean héroes. Hay una trampa en aquella construcción ya que esta invisibiliza a quienes realmente deben cumplir un rol de liderazgo y realización societal, como es la clase política. Los héroes deportivos invisibilizan la ausencia de esos liderazgos políticos en el Chile actual y sus “reales” prácticas, esas perseguidas por las fiscalías. Expresémosle que deseamos que sean más humanos que nunca y al mismo tiempo respeto ciudadano y cívico, y hagámosle ver que los queremos porque son dignos profesionales del fútbol y no por ser íconos del marketing y el lujo. Hagamos esto ahora que aún hay tiempo y no cuando sea demasiado tarde, y cumplamos lo que pedía Obdulio Varela, así los jugadores serán más felices, reales ejemplos y dejarán de vivir atrapados en un personaje del cómic tal como lo hacía Birdman, el hombre pájaro.

Rodrigo Figueroa

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