Talento y Fútbol Formativo: Formas de socialización del juego y cambios en la sociedad chilena.

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“Tiene unas cualidades técnicas prodigiosas, regate fácil siempre en profundidad. Tiene una visión de línea recta cara al gol pero sabe desprenderse del balón en beneficio del compañero mejor situado. Reflejos extraordinarios. Protege el balón muy bien, para jugarlo acto seguido con gran eficacia. Sus pases cortos y disparos son pura maravilla. Cambios de ritmo prodigiosos”. César Luis Menotti, Primer informe sobre Maradona enviado al Barcelona. 13 Agosto 1978

El talento en los jugadores es un tópico del que hablan las distintas voces que orbitan al fútbol. Algunos sostienen que se trata de tener o no pasta de futbolista, otros señalan que es algo prescindible y que siendo un jugador ordenado también se puede llegar a ser profesional. La prensa deportiva identifica el talento y otorga rótulos a los futbolistas como “Mago”, “Fantasista”, “Genio” o “Figura” a quienes demuestran que saben con la pelotita en los pies. Hinchas y simpatizantes del fútbol también realizan algo similar en sus propios círculos. Lo interesante, es que a ciencia cierta no es posible definir al talento. ¿Un goleador? ¿Un mediocampista capaz de dejar solo al delantero con un pase filtrado? ¿Un arquero que se posiciona bien bajo los tres palos? ¿Todos ellos? Revisemos algunos antecedentes para esbozar una definición.

La definición del talento ha ido cambiando. En los años 30´y 40’ el talento era definido por la disposición a entrenar y vivir para el fútbol, entendiéndolo como una profesión. En las décadas venideras el talento fue derrochado por aquellos de exquisita técnica. Actualmente la búsqueda de talentos jóvenes y promisorios es tarea de ojeadores y entrenadores de series menores, compleja labor en un contexto de alta competencia pues ya no basta con tener una actitud disciplinante orientada al profesionalismo ni tampoco tener grandes cualidades técnicas. Entonces, ¿Cómo se descubre un talento? Don Alfonso, ojeador del Club Deportivo Universidad Católica, señala que cuando vio a Gary Medel, allá en las canchas de tierra de la comuna de Conchalí a los 9 años, lo que más le llamó la atención fue que no se achicaba, pues competía con niños de 12 (a esa edad un abismo de diferencia).

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Según esta experiencia, pareciera ser que hoy más que antes son importantes otras habilidades que no dependen sólo del futbolista, sino que del contexto que las produce y posibilita. Observamos como el ojo de Don Alfonso focaliza en un aspecto que no es estrictamente futbolístico, sino que se exhibe a partir de la personalidad del jugador. Sin embargo, más que una producción individual, este hecho puede comprenderse como un resultado de la interacción de distintos elementos sociológicos, como es la imbricación entre el club de barrio, la población, el territorio y el fútbol. Podríamos señalar que la actitud y garra de Gary, que lo llevó a no achicarse frente a una situación adversa pudo ser influenciada por esos elementos. Mérito del ojeador que es capaz de relevar esa situación donde probablemente la mayoría de los jugadores eran más técnicos y hábiles que el propio Gary con la pelota en los pies.

En este y otros deportes, con frecuencia encontramos trazas que unen hechos futbolísticos con procesos que viven las sociedades. Identidades locales, barriales, procesos socioculturales y económicos se visualizan a través del fútbol. En el caso específico del talento, presenciamos cómo este se ha ido definiendo socialmente, por ejemplo si antes ver a un niño que domina el balón a la perfección y a otro con actitud y disciplina era fundamental para llegar al profesionalismo, hoy no necesariamente es suficiente. Esto se debe a que el fútbol se ha hecho cada vez más competitivo y también a que la sociedad ha sufrido algunas transformaciones. En la actualidad los niños ya no aprenden el fútbol del mismo modo que lo aprendieron los que hoy son profesionales consagrados, porque ha habido cambios, es decir, ni somos los mismos, ni el fútbol es el mismo.

En las últimas décadas, constatamos a lo menos dos grandes transformaciones que han impactado la forma en que los niños aprehenden el juego. Primero, vemos como los espacios de socialización primaria del fútbol, que hasta hace 20 o 30 años eran canchas de tierra, terrenos baldíos y derechamente potreros, han ido desapareciendo o han sido estandarizados al formato área verde de condominios y edificios. El desmedro de estos espacios, ha reubicado el proceso del aprendizaje genuino e intuitivo del fútbol a espacios más formales e institucionalizados: Las Escuelas de Fútbol.

Esto tiene algunos impactos. Primero, existe una instrucción canalizada sobre el desarrollo del aprendizaje guiada por un profesional de la actividad física, esto quiere decir que existen normas, códigos y se produce un fenómeno de rigidización de la intuición y picardía. Segundo, la vinculación familiar con la actividad deportiva es desde una vereda diferente. Antes, los padres que acompañaban los procesos formativos de sus hijos debían involucrarse a tal manera en el club de barrio que construían sus identidades en base a su participación. Ellos eran parte del club que cobijaba la formación futbolística de sus propios hijos. En la escuela de fútbol eso es diferente y el Apoderado adquiere un rol más clientelar, donde paga por un servicio educativo que utiliza al fútbol como excusa para desarrollar ciertas habilidades físicas, técnicas y valóricas que entrega la práctica reiterada del deporte. Desde el punto de vista sociológico, esto tiene un impacto en las formas de socialización primaria del deporte, pues el contexto pedagógico del fútbol ahora tiende a la estandarización en sus formas y métodos, coartando los procesos más intuitivos y naturalizados de quien aprende a jugar entre la tierra y las piedras.

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En segundo lugar, el fútbol también ha sufrido transformaciones. Antes existía un nexo claro y formalizado entre el fútbol amateur y el fútbol profesional. De hecho, varios de los grandes ídolos actuales jugaron o tienen experiencia en el fútbol barrial, como son los casos de Alexis Sánchez, Arturo Vidal y el citado Gary Medel. Existía un espacio de desarrollo de habilidades técnicas, futbolísticas y sobre todo sociobarriales, que hoy se encuentra amenazado por la aparición de las escuelas de fútbol y la proliferación de ligas independientes. Muchos clubes barriales han dejado de competir en el fútbol amateur a causa de que los niños ahora juegan en las escuelas de fútbol y los adultos prefieren pagar por jugar en un ambiente diferente con una infraestructura mejorada, es decir se han quedado sin gente, su principal fortaleza.

Este contexto de recientes transformaciones complejiza la búsqueda de nuevos talentos, no porque no los haya, sino porque la pregunta ahora es ¿Qué buscar? Lo que nos lleva a nuestra pregunta inicial. ¿Qué es el talento en realidad? Las prácticas actuales nos dicen que la labor de ojeadores y cazatalentos ha tomado bastante fuerza debido al creciente interés de los clubes europeos en fichar a jugadores talentosos en Chile y Latinoamérica, lo que opera como un rentable negocio para algunos, que utilizan a “niños futbolistas” como mercancías transables en el mercado del fútbol y exportables a Europa, lo que de alguna manera replica el modelo de exportación y dependencia que caracteriza a los países de América Latina.[1]

Probablemente hoy estemos ingresando a esa lógica, la que definirá a jugadores talentosos bajo la premisa de la “Exportabilidad”. Por ello, clubes grandes despliegan equipos de ojeadores a lo largo del país en la búsqueda de un talento que permita la recuperación y rentabilización de todas las inversiones con una venta al extranjero. Es a fin de cuentas, la lógica neoliberal la que ahora define la categoría analítica del talento en un jugador de fútbol. Esto respalda la tesis de que el talento es un constructo social, y por lo mismo son los elementos contextuales de la misma sociedad los que lo van definiendo. La definición del talento entonces seguirá cambiando a futuro, ya que adhiere a las dinámicas societales en un tiempo y espacio determinado.

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Si esto es así, surge una especie de crisis, ya que uno de los elementos del medio societal chileno, como el fútbol de barrio, se encuentra en caída libre y cada vez más los niños aprenden el juego en las escuelas de fútbol. Si miramos a los jugadores que fueron resultado de esos hallazgos, captaciones y exportaciones, vemos que todos tienen una formación sociobarrial fuerte, aspecto que en el largo plazo tendería a debilitarse. Cuando eso ocurra, probablemente surja una nueva versión del futbolista talentoso, una que sea coherente con el modelo de sociedad que se construye y reproduce continuamente, una que no contemple al barrio como un eje central en la práctica futbolística. Seguro que ojeadores y cazatalentos ya están mirando hacia allá. Hacia el nuevo prototipo de futbolista talentoso que está por ser descubierto.

[1] Para profundizar sobre este tópico, ver “Niños Futbolistas” de Juan Pablo Meneses

Patricio Carvajal Paredes

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